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Noticias Internacionales

¿Qué es lo que Realmente pasa en Cuba?

julio 12, 2021
Cuba
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Cuba. Una serie de manifestaciones generalizadas tomaron por sorpresa las calles de Cuba el pasado domingo, las mayores muestras de disgusto masivo protagonizado por el pueblo cubano desde 1994 y, quizás, desde el triunfo de la Revolución.

Esta insatisfacción generalizada tiene raíces profundas y es una respuesta a un proceso acumulativo, por lo que es razonable preguntarse: ¿Qué ha pasado en Cuba?

Las protestas del domingo fueron el resultado de un proceso largo y complicado, que se remonta a la baja de Fidel Castro Ruz y su hermano Raúl como líder supremo del país y entregado al actual presidente Miguel Díaz-Canel (Miguel Díaz-Canel). Noticias Internacionales.

La primera transición del poder

Cuando Fidel enfermó, a principios de los 2000, su hermano Raúl tomó el comando del país de manera interina en el 2002 y luego de forma oficial en el 2006. Contrario a lo que se cree, no fue un cambio cosmético, pues el menor de los Castro Ruz inició una serie de reformas al aparato socialista cubano que nunca se hubieran pensado bajo la tutela del “Comandante en Jefe”.

Bajo el liderazgo de Raúl, Cuba estableció una microempresa privada que permitió a los cubanos viajar al exterior sin las complicaciones del pasado, fortaleció su estrategia de crecimiento turístico, implementó una nueva ley de inversión extranjera y aprobó una renovación integral del sistema económico ) e inició una reconciliación histórica con los Estados Unidos y la Unión Europea, que condujo a un renovado y vigoroso desarrollo de la economía nacional fuertemente afectada.

Otra gran reforma de Raúl Castro Ruz es la conectividad. Bajo su autorización se reformó la política de acceso a Internet y por primera vez los cubanos ingresaron al mundo digital de manera extensiva en plazas y parques.

Ese desarrollo llevó a que eventualmente la conectividad llegara a los móviles, dato que fue crucial en la movilización de las manifestaciones del domingo.

A pesar de las reformas en el campo económico, el pragmatismo de Raúl no llegó al PCC, donde el pensamiento de la vieja escuela siguió prevaleciendo y el modelo de gobierno socialista no flaqueó, a pesar de las amplias reformas constitucionales y muchas actualizaciones legales. , Pero aprobó el modelo de partido único.

La era Obama

Cuando Raúl Castro Ruz y Barack Obama anunciaron el 17 de diciembre de 2014 que ambos países ponían al lado sus diferencias y pactarían la paz, mediante la reactivación de las relaciones diplomáticas, el mundo convulsionó. Era increíble que estos viejos enemigos lograran poner sus diferencias de lado y retomaran sus vínculos, dentro de sus diferencias.

Obama logró que se flexibilizaran en Cuba muchas prácticas de control contra los pequeños empresarios y los artistas, mientras con su histórica visita, consolidó un modelo de relación revolucionario entre estos vecinos, que incluyó la autorización de los cruceros, las líneas aéreas y las transacciones bancarias.

Los aires de amistad con Estados Unidos, también llegados desde Europa, hicieron que el país quebrara sus récords en el turismo, la inversión extranjera en grandes proyectos de infraestructura se disparó -incluyendo capital estadounidense- y los cuentapropistas comenzaron a hacer dinero a niveles insospechados.

Fueron, por así decirlo, muy buenos tiempos, y se esperaba que, si los demócratas ganaban la presidencia en el 2016, el fin del bloqueo económico llegaría.

Durante ese tiempo, las calles cubanas vibraban. Exiliados regresaban al país con la esperanza de que, aunque fuera sólo en el plano económico, Cuba despegaría.

Turistas de todo el mundo, restaurantes y bares de estilo europeo, autos clásicos abarrotados, hoteles de playa abarrotados y mucho dinero circulando por la calle están a la orden del día, pero la belleza es efímera. Muchos cubanos se han ido y estamos acostumbrados a la nueva realidad.

Trump al poder

El triunfo del republicano Donald Trump cambió el curso de las cosas radicalmente. En sus cuatro años de poder, Trump no sólo revirtió lo logrado por Obama, sino que lo llevó más allá. Desde la Casa Blanca recrudeció el bloqueo económico y lo llevo a un nivel práctico que no se veía desde los años noventa.

Trump bloqueó el flujo de efectivo a través de la prohibición del envío de remesas y la penalización de las transacciones bancarias, puso en ejecución el polémico Título III de la Ley Helms-Burton, combatió la venta de combustible a la isla y devolvió a Cuba a la lista de países que patrocinan el terrorismo.

Las medidas de Trump, provocadas en su búsqueda de consolidar el voto cubano en la Florida, convirtió a Cuba en una suerte de paria regional, en conjunto con Venezuela y Nicaragua.

Además, sus furiosos mensajes en actos políticos en Florida avivaron al más recalcitrante sector del exilio cubano en Miami, mientras varios grupos internos, como el Movimiento San Isidro, enfrentaban el gobierno cubano y mostraban al mundo, con gran efectividad en su mensaje, la falta de libertad de expresión que hay en la isla.

Con la diferencia de que los cubanos, contrario a antaño, estaban conectados y ahora se enteraban de todo por internet, no sólo por los medios estatales, por lo que la antipatía comenzó a crecer.

Al mismo tiempo, debido al imparable crecimiento del turismo, el níquel, sus misiones médicas en el exterior y su famosa industria biomédica, el gobierno cubano logró flotar al mismo tiempo mientras eludía a Trump con la ayuda de sus socios más cercanos como como Rusia y China. Medidas. Y Venezuela.

En medio de eso, Raúl abandonó la presidencia en el 2018, para dar paso a Miguel Díaz-Canel, a quien le tocó asumir el país en plena guerra económica con el vecino del norte y con una campaña de reelección de Trump llena de fiereza hacia el modelo cubano.

La agresiva estrategia de Trump, al combinarse con la salida de Raúl, abrió un espacio para que los defensores del continuismo ganaran puntos en sus argumentaciones y a Díaz-Canel no le quedó otra ruta que aliarse con la vieja escuela política de Cuba.

Llegó la pandemia

Entonces, llegó la pandemia provocada por el COVID-19. Con ella se acabó el turismo y se paralizó la inversión extranjera. Con el freno a las remesas y el flujo de efectivo provocado por Trump, la ausencia de moneda dura demolió la frágil economía cubana.

El gobierno cubano recurrió a sus reservas y realizó un control pandémico que, por un momento, fue ejemplar para la región, pero ningún país puede durar cerrado tanto tiempo.

Las reservas se agotaron, por lo que la falta de recursos para adquirir insumos en el extranjero llevó a las autoridades a dolarizar la economía y a abrir el turismo en los primeros dos destinos de playa: Varadero y los Cayos de Ciego de Ávila.

Al dolarizar la economía se devaluó instantáneamente el peso cubano y un dólar llegó a estar a 70 pesos en la calle, cuando el cambio oficial es de 24-1.

El pueblo, que gana un mínimo de 2,100 pesos al mes (unos 87 dólares al cambio oficial), se encontró en un callejón sin salida, pues sin moneda dura es imposible adquirir los suministros más básicos.

La vida es cada vez más dura, el viento sopla en el nuevo período especial, un “burgués” que tiene divisas vive bien, mientras que el resto lucha contra el hambre.

Los precios en el próspero mercado negro cubano se multiplicaron y la situación comenzó a hacerse insostenible. Mientras, el gobierno tuvo que comenzar a decidir dónde poner el poco dinero que recogía del turismo, si en alimentos, combustible o en insumos de salud.

Al final, no había dinero suficiente para ninguno de los tres y una escasez no vista desde la caída del bloque soviético y el ambiente creado por el período especial de los 90 se hizo presente en el país en los últimos meses.

A ese ingrediente se sumó la determinación del gobierno de “eurolarizar” la economía, suprimiendo el uso del dólar estadounidense y dando rienda a la moneda europea. El pueblo, ya lidiando con la falta de dólares, la carencia de productos básicos y la asfixia causada por el recrudecimiento del bloqueo, se comenzó a impacientar.

Luego sucedieron tres cosas: la decisión de traer turistas rusos a Varadero desencadenó una crisis de COVID-19 en la provincia de Matanzas, aumentando el número de casos diarios a más de 6.000, decenas de muertos y comercios estatales La corrupción se agravó y los cortes de luz. ocurrió. Es entonces cuando la mayoría de la población ha dicho suficiente.

Las manifestaciones

La jornada de protestas fue espontánea y tomó por sorpresa a las autoridades cubanas. Se reportaron por toda la isla y los ciudadanos salieron por miles a la calle, algo no visto desde las revueltas que llevaron al triunfo de la Revolución en 1959 o en el Maleconazo de 1994.

El gobierno respondió con contramanifestaciones, protestas contra la represión y el cierre de Internet. Ha comenzado a contener levantamientos populares, que no tienen líderes ni líderes más que el descontento colectivo.

La gran pregunta es si el estallido del domingo fue suficiente y si representó un desahogo tan generalizado que llevará a que no haya más protestas. Sí quedó claro que un buen sector de la población está dispuesto a manifestar sus incomodidades en las calles, algo a lo que en Cuba no están acostumbrados y de lo cual el gobierno ha tomado nota.

Entonces, ¿qué pasa en Cuba? En Cuba reventó el hastío colectivo por la situación económica, en primer lugar, y la situación política, en segundo.

Esta explosión está relacionada con una combinación de estos factores: la depresión y la buena vida de la era Obama, el endurecimiento del bloqueo de Trump y la incapacidad de Joe Biden para mejorar sus perspectivas en el corto plazo, el resurgimiento de la corrupción (Raúl Custer) (Raúl Castro Ruz señaló en el pasado ser el principal enemigo de la revolución), las ineficiencias del sistema y las recientes decisiones equivocadas en el manejo de la pandemia de COVID-19.

Pero hay una gran razón que se mueve por lo bajo de manera silente: el cambio generacional. Los grandes dirigentes de la Revolución han ido muriendo -empezando por Fidel Castro Ruz- o se han retirado, como hizo Raúl, y su relevo no tiene la misma penetración y convencimiento entre los cubanos, lo cual es el mayor problema que tiene Díaz-Canel.

“Díaz-Canel no es Fidel ni Raúl”, se escucha decir a menudo en las calles habaneras. Mientras, las nuevas generaciones de cubanos no vivieron el romance revolucionario y no sienten el mínimo respeto por el modelo socialista que permea en la isla, por lo que claman a gritos por reformas económicas y cambios democráticos con una rebeldía a la cual en Cuba no están listos para enfrentar.

Es por ahí que andan los tiros. Estas protestas no acabarán con la Revolución cubana. Esa es la realidad, porque el sistema cuenta todavía con una importante red de apoyo, sobre todo, en el oriente de la isla.

Aunque ha sacudido su estructura, veremos en poco tiempo que cuando el nivel del agua baje levemente, la economía cubana sufrirá cambios importantes, porque no hay otro cambio, porque el cambio es la ley de la vida.

(Benjamín Morales es subdirector de Diario Libre y fue corresponsal en Cuba entre enero de 2015 y octubre de 2020)

Con información de Diario Libre.

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