
Santiago. Una joven madre denunció que estuvo al borde de la muerte el pasado Día de las Madres al ser víctima de un hecho de violencia de género que, según asegura, ha persistido durante años a pesar de decisiones judiciales previas y múltiples denuncias interpuestas.
Taischa Taveras, de 24 años, identificó como agresor a su expareja y padre de sus dos hijos, Maberi del Orbe. Según su recuento, sufrió heridas en el rostro, el muslo izquierdo y el área de un glúteo tras un violento episodio ocurrido en el sector Baracoa de Santiago.
De acuerdo con su relato, el hombre llegó temprano a su casa alegando la intención de visitar al hijo menor que tienen juntos. Más tarde, mientras ella se preparaba para reunirse con familiares, surgió una discusión en torno a una cartera que contenía dinero destinado para la compra de leche. En su intento por recuperar lo que era suyo, Taveras afirmó haber sido interceptada y agredida con objetos cortantes, sufriendo las lesiones mencionadas. Tras el incidente, acudió al Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez en busca de atención médica y aprovechó para manifestar su preocupación por la seguridad propia y la de sus hijos.
Taveras enfatizó que este no es un hecho aislado. Según explicó, existen al menos cinco órdenes de arresto contra Maberi del Orbe, pero a pesar de ello, el ciclo de agresiones y amenazas ha continuado a lo largo del tiempo, agravando una situación ya insostenible.
La joven describió cómo esta violencia ha transformado su vida cotidiana, obligándola a limitar sus desplazamientos y actividades por temor a nuevos ataques. Asimismo, señaló que la constante amenaza ha dificultado su capacidad para mantener una estabilidad económica que le permita satisfacer las necesidades básicas de sus hijos.
“Yo no puedo estar tranquila ni construir una vida estable”, declaró entre lágrimas mientras esperaba recibir atención médica. Remarcó que el miedo no solo ha obstaculizado su desarrollo personal y profesional, sino que también ha afectado la armonía de su entorno familiar.
El caso pone en el centro del debate la ineficacia de las respuestas institucionales ante situaciones reiteradas de violencia de género, particularmente cuando existen antecedentes documentados de agresiones y medidas judiciales incumplidas. Tanto organizaciones sociales como ciudadanos abogan por mecanismos más efectivos que garanticen un seguimiento real a este tipo de casos.
Además, se reaviva la atención sobre la necesidad de reforzar las medidas de protección para las mujeres que son objeto de amenazas e intimidaciones constantes, así como asegurar un adecuado apoyo psicológico y emocional para los menores expuestos a estos ambientes cargados de tensión.
Mientras sigue recuperándose, Taveras hizo un llamado urgente para recibir protección tanto para ella como para sus hijos. Su interrogante quedó resonando más allá del hospital: ¿qué sucede con las otras víctimas cuando las señales de alerta no logran prevenir nuevas tragedias?
