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Yuyo, La Sorprendente historia del primer hacker argentino: en la era previa a Internet, viajaba por el mundo sin pagar

septiembre 26, 2021

En una humilde oficina interna, un hombre encontró una laguna en el sistema de reserva de boletos y voló alrededor del mundo a expensas de diferentes aerolíneas.

Yuyo
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Yuyo. Raúl Horacio “Yuyo” Barragán es oriundo de Concepción del Ríos en Uruguay y es considerado el primer hacker argentino. Su historia se remonta a 1978, en medio del proceso militar, cuando «Yuyo» tenía 21 años y trabajaba en la sucursal de Aerolíneas Argentinas de Concordia en Entre Ríos.

La historia de Barragán se describe en el libro «Lone Rangers-Hackers, la guerrilla informática» publicado por Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante en 1995. Según el libro, en el año del primer Campeonato Mundial de Fútbol en Argentina, «Yuyo» tenía un teléfono y una terminal de télex en el trabajo, los cuales estaban conectados directamente a Santa Fe a través de un cable coaxial privado, a pesar de que esta conexión no suele funcionar.

Afortunadamente, Yuyo notó que es fácil falsificar mensajes por télex sin que nadie se dé cuenta.

El télex era el dispositivo utilizado antes de la era de la internet que servía para la transmisión de datos y mensajes mecanografiados. Su aspecto se asemeja mucho al de las máquinas de escribir y el mensaje llegaba a destino impreso en un papel, similar al fax doméstico, también desaparecido.

El mecanismo de venta de pasajes de la sucursal Concordia era muy común en ese momento y aún hoy, consideraba la posibilidad de que una empresa extranjera sin oficina en nuestro país pudiera enviar pasajes a través de otra aerolínea. Cuando esto sucedió, Barragán tuvo que notificar a la oficina en Buenos Aires, que a su vez se comunicaba con el Sistema Internacional de Telecomunicaciones de Aviación (SITA).

La organización francesa responsable de las reservas de todas las aerolíneas del mundo registra las reservas en su sede del Reino Unido, las confirma en los Estados Unidos y luego emite una orden de emisión de billetes a la empresa correspondiente.

Un día, Yuyo recibió un pedido de compra desde Londres por una suma de dinero tan importante que le hizo poner especial atención. “Tengo que confirmar estos pasajes como sea”, le dijo a la operadora de télex. “Todos los números de Aerolíneas en Buenos Aires están ocupados”, le respondió.

Ante su impaciencia, Yuyo decidió buscar en las guías de tráfico aéreo los códigos y claves que necesitaba y en la guía de télex el número de SITA en Buenos Aires. Así, se comunicó directamente -saltándose las oficinas de Aerolíneas Argentinas en la capital porteña-, hizo la reserva y a los pocos minutos obtuvo la confirmación.

Este hecho marcó el momento en el que Barragán se dio cuenta de lo sencillo que era falsear los mensajes a través del télex sin que nadie se diese cuenta. Su primer “hackeo” se lo hizo a la propia empresa que lo había contratado.

Cuando Yuyo Barragán se dio cuenta de que sus acciones no podían ser detectadas, comenzó a volar muchas veces alrededor del mundo, volando con diferentes compañeros.

Yuyo generó un pedido con origen en Nueva York de un boleto prepago; en la central de Buenos Aires nadie sospechó y la aprobación fue inmediata. Así, Barragán se convirtió en el primer hacker argentino sin tener grandes conocimientos de informática.

La historia sigue impulsada por el amor joven. Se dice que tiene una novia colombiana que trabaja en una sucursal de Aerolíneas Argentinas en ese país, el impulso de amar a primera vista hizo que «Yuyo» siguiera reprimiendo las falsificaciones.

Envió una nota al presidente de la Aerolínea Argentina, Juan Carlos Pellegrini en ese momento, y adjuntó una copia a su jefe inmediato, permitiendo a la empresa pagar el boleto aéreo de Barra Gan y la asignación diaria a Colombia. El jefe sorprendido no sabía que esta solicitud y aceptación eran falsas.

Tras este antecedente, “Yuyo” vio que su operatoria era, al menos hasta ese momento, indetectable. Así, comenzó a volar por todo el mundo, muchísimas veces, y con distintas acompañantes.

Fue recién en 1982, en pleno conflicto bélico por las islas Malvinas, que a un gerente de KLM le resultó extraño un pedido emitido en Rosario, y consultó a Aerolíneas Argentinas en Buenos Aires. Nadie sabía nada, ni en Rosario, ni en Buenos Aires, ni en Tel Aviv, que era el origen del vuelo.

Barragán se dio cuenta de que su estafa había sido detectada y huyó a Brasil, donde continuó con su proceder. Esta vez, eligió a la ya desaparecida Varig como objetivo de sus falsificaciones y decidió que, en lugar de viajar él mismo, era mejor emitir boletos y venderlos en el mercado negro a mitad de precio. Recién a mediados de 1983, el hermano de un cliente de Yuyo decidió ir a las oficinas de Varig a verificar que el pasaje fuese real.

“Sí, sirve, viene de la Eastern de Chicago y está confirmado por nuestra agencia en Copacabana”, le dijeron. “¿Quién se lo vendió?”, preguntaron.

Esa misma noche, Barragán fue detenido por la policía brasileña. Los directivos de Varig fueron a verlo a la comisaría y le ofrecieron no presentar cargos en su contra si él les explicaba su sistema y si entregaba los códigos aéreos que utilizaba. Yuyo aceptó, pero con la condición de que el encuentro tuviera lugar a la mañana siguiente en su hotel, una vez que hubiese sido puesto en libertad.

Esa noche, antes de dejar la comisaría, Yuyo le regaló al comisario dos boletos de avión y un cheque por su comprensión y buen cumplimiento de sus funciones. A media mañana del día siguiente, cuando los directivos de Varig llegaron al hotel, no encontraron nada ni a nadie. El hacker había volado hacia Buenos Aires gracias a un pasaje San Pablo-Montevideo de la mismísima Varig, con endoso a Iberia.

Nuevamente en el país, continuó con el negocio. Por un lado, viajaba a dónde y cuándo quería y, al mismo tiempo, comenzó a aceptar trueques además de efectivo por la reventa de pasajes. Fue así que en febrero de 1983 Yuyo se hizo de un Rolex que no funcionaba, fue al relojero para que se lo arreglase y cuando volvió para retirarlo, le pidieron el recibo de compra.

Por supuesto que no lo tenía y fue detenido por la Policía Federal. En esta ocasión, Yuyo decidió confesarlo todo. Explicó su forma de operar emitiendo pasajes para los comisarios y sus esposas, pero así tampoco logró hacerse entender por los oficiales y estos debieron consultar a través de télex -sí, como en un mal chiste- a especialistas del FBI que, más que respuestas, tenían varias preguntas sobre el proceder de Yuyo.

“Las líneas tienen muchas dificultades. No sé si habrán notado que casi siempre los pasajes vienen con un error en el nombre. Los que pedía para mí decían “BARAGAN”, con una sola ere. Eso es basura del satélite y la gente de las compañías aéreas del mundo lo saben.

Ante cualquier inconveniente, en cuanto mostraron el archivo, se dieron cuenta de que era un error de transmisión y listo. ¿Qué estoy haciendo? Descubrí que si al final del mensaje ingreso el formulario de devolución del auto (equivalente a una entrada de computadora) e ingreso cuatro letras mayúsculas en la siguiente línea, se cierra el circuito.

Doy un ejemplo: mandaba un mensaje a PanAm San Francisco ordenando un pasaje con origen en Milán para tal recorrido, a ser endosado a Aerolíneas Buenos Aires o a Varig Río de Janeiro.

El operador norteamericano que está mirando la pantalla lo ve entrar. Supongamos que se le ocurre verificarlo, cosa que casi nunca se hace: cuando va a intentarlo, se cuelga el sistema. ¿Cómo iba a saber que era yo el que lo hacía a propósito?

Se quedaba convencido de que era un inconveniente de satélite y no desconfiaba. Tenía que apagar y reencender las máquinas y para cuando terminaba de hacerlo ya se había olvidado”. Esta fue la explicación que dio Yuyo ante la justicia.

A pesar de haber explicado y confesado todo, a los cuatro días salió del Departamento de Policía libre de cargo y culpa. Ninguna de las aerolíneas involucradas en sus maniobras quiso presentar cargos contra él ni se reconoció como damnificada. Esto se explica porque hacer pública una estafa así, de una persona sola, en un país periférico, les hubiera hecho perder credibilidad ante sus clientes regulares.

Nunca se supo cuánto dinero hizo Barragán con su trampa; ni siquiera él supo exactamente la cifra, pero las estimaciones oficiales indican que falsificó la emisión de entre 600 y 1.000 pasajes aéreos que multiplicados por los USD 5.000 dólares que asignaba SITA en aquel entonces, alcanza cifras de hasta 5 millones de dólares. Pero la realidad es que Yuyo no consiguió hacer fortuna; ni siquiera, asegurarse un futuro holgado.

“Canto de Pericos”

Así fue como el libro de Roberti y Bonsembiante nombró hábilmente el capítulo sobre el encuentro entre Yuyo Barragán y la banda argentina de reggae «Los Pericos». Cuando el grupo viajó a Estados Unidos en 1993, Urbano Hortal, el entonces gerente, compró unos boletos y en Caracas se dio cuenta de que se los habían robado.

En aquel entonces se inició una causa, y Hortal identificó en una rueda de reconocimiento de la policía a “Yuyo” como la persona que le había vendido los pasajes. Sin embargo, otro miembro del grupo no logró reconocerlo.

El entonces juez Juan José Galeano decidió creerle a Hortal y decretó la prisión preventiva de Raúl Horacio Barragán, tras reconocer su modus operandi. Sin embargo, los pasajes que habían recibido Los Pericos eran robados directamente a agencias norteamericanas, mientras que Yuyo se dedicó a lograr la emisión legal -con pedidos falsos- de acuerdo a la rutina de las compañías de aeronavegación.

Todo llevó a que Barragán cumpliera prisión preventiva en la ya desaparecida cárcel de Caseros en Parque Patricios. Tras tres años de condena, salió en libertad para desaparecer de la escena pública. Había vuelto a Concepción del Uruguay y, el 1º de agosto de 2013, se supo que Raúl Horacio “Yuyo” Barragán, el primer hacker argentino, el de los vuelos gratis por el mundo, había fallecido a los 56 años.

Con Información de Infobae

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